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viernes, 29 de noviembre de 2019

NADIE PIERDE POR DAR AMOR



Nadie pierde por dar amor, porque ofrecerlo con sinceridad, con pasión y delicado afecto nos dignifica como personas. En cambio, quien no sabe recibirlo ni cuidar ese inmenso regalo es quien pierde de verdad. Por ello recuerda, nunca te arrepientas de haber amado y haber perdido, porque lo peor es no saber amar.
Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.
Por eso tenemos que cuidar a esa persona que comparte la vida con nosotros, cuidarla con algo tan simple, como demostrarle cada día que es muy importante para ti, con un gesto, una palabra, una complicidad…
Porque encontrar quién quiera compartir contigo su vida, que te conozca tal y como eres y siga pensando que eres lo mejor de su existencia, que te regale sus mejores días, te deje conocer su lado más obscuro y también su lado más tierno, porque confía en ti, eso amigo mío, es como tocarte la lotería, y si tú ya la tienes cuídala mucho, nunca hagas que se sienta sola estando contigo, porque ese premio de persona la puedes perder para siempre, y te arrepentirás por siempre.
Nunca debemos arrepentirnos de haber amado, de habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen ser humanos y maravillosos a la vez. Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos.


jueves, 28 de noviembre de 2019

MIMAR



El arte de los mimos es el lenguaje que nace del corazón. Mimar a un hijo es lo más bonito que podemos hacer como madres. Cada vez que encontramos a un niño que nunca o apenas ha sido mimado, lo notamos y sufrimos un poco, puesto que quisiéramos brindarle todos esos mimos que le hicieron falta en su momento.
En el arte de los mimos lo más importante aprender a diferenciar entre un niño »mimado» y uno »consentido».
A la mayoría de las personas se les olvida que existe una sutil diferencia entre un niño consentido y un niño mimado. De hecho, suelen considerar ambas cosas como un sinónimo de malcriadez.
Se dice que una madre es mimosa cuando esta es propensa a las demostraciones de afecto para con sus hijos. Los besos, abrazos, halagos y palabras bonitas que regala son parte de su forma de ser y de educar.
Nada es más bonito que cuidar a los nuestros pequeños mediante el arte de los mimos llevado a cabo sabiamente. Ser una madre amorosa, atenta y delicada es un modo de favorecer el bienestar psicológico y emocional de nuestros hijos.
Una buena madre sabe establecer las estrategias adecuadas para evitar cruzar la línea del mimo hacia el consentimiento y la malcriadez. Brindará amor pero a la vez evitará crear una personalidad perjudicial para el niño. Además, un niño que reciba nuestros mimos, será un niño con una capacidad afectiva más receptiva y dispuesta.
Al contrario de lo que muchos piensan, el niño que recibe afecto y manifestaciones de amor constantes, puede llegar a ser más fuerte y seguro de sí mismo.


miércoles, 27 de noviembre de 2019

LA HONESTIDAD



La historia hunde sus raíces en la China antigua, allá por el año 250 a.C. Nuestro protagonista es un joven príncipe de la región del norte, que para alzarse como emperador debe contraer matrimonio. Así lo marcaba la ley, y para hallar entre todas las mujeres casaderas la que debía ser la mejor para él, ideó una pequeña prueba de gran astucia.
La corte celebró un día en que todas aquellas muchachas que desearan contraer matrimonio con el príncipe debían presentarse en el patio del palacio. Entre todas ellas, había una que amaba secretamente al aspirante a emperador. Sin embargo, era consciente de que no tenía gracia, ni riqueza ni aún menos belleza. Su madre intentó quitarle de la cabeza tal ensueño, pero puesto que su corazón era resuelto y su actitud valiente, no dudó en presentarse el día acordado.
Una vez estuvieron todas las jóvenes en el patio del palacio, el príncipe les fue depositando una semilla en la palma de las manos de cada una de ellas. Les dijo que las volvería a citar en 6 meses. Aquella que le trajera la flor más hermosa, se convertiría en su esposa.
Nuestra joven protagonista volvió contenta a su casa. Ella era una gran jardinera, todo lo que tocaban sus manos florecía de forma espectacular. Sin embargo, a medida que pasaban las semanas y los meses, nada brotaba de la tierra. Su madre volvió una vez más a recomendarle que se olvidara del príncipe, sin embargo, ella, se dijo a sí misma que aún acudiendo con las manos vacías y sin flor se presentaría de nuevo a la cita… Aunque fuera solo por ver una vez más al hombre al que amaba.
Cuando pasaron los 6 meses y las jóvenes se reunieron en el palacio, todas ellas llevaban en las manos flores bellísimas, perfectas y espectaculares. ¿Cómo lo habían hecho? La joven lloraba en silencio mientras miraba al príncipe atendiendo y valorando cada una de aquellas flores. Hasta que de pronto, llego a esta ella y la cogió delicadamente de la mano.
«Me casaré con esta mujer» -dijo en voz alta, feliz-. La joven no tenía palabras, y cuando el resto de muchachas le preguntaron por qué, él fue firme en sus palabras. «Todas las semillas que os ofrecí eran estériles. Solo esta joven me ha traído la flor más bella: la de la HONESTIDAD».
Para concluir, tal y como nos ha dejado ver esta bella historia, ser honesto, en realidad, responde a un acto de integridad, de valentía y de madurez personal. Virtudes todas ellas que debemos hacer germinar con dedicación en nuestro día a día.


martes, 26 de noviembre de 2019

"TODO VA A SALIR BIEN"



Soy una persona fuerte, de esas a la que la vida ha mordido más de una vez. Sin embargo, me gusta que alguien me coja de la mano de vez en cuando y me diga que todo va a salir bien. Que me prometan que hay mucho que hacer y poco de lo que preocuparse. Sentir esta necesidad no es debilidad, sino la valentía de alguien que agradece el buen apoyo y el consuelo cuando así lo necesita.
Decía Antoine de Saint-Exupery con gran acierto que el fracaso fortifica a los fuertes. Esto es así por una razón muy sencilla: para que uno adquiera una adecuada fortaleza de corazón y erija los cimientos del coraje, primero debe haber caído. Primero debe probar en piel propia la herida de la decepción, el vacío de la pérdida o y la marca del error.
En un momento de adversidad, hasta el mejor de los héroes y la más reluciente de las heroínas agradece que alguien le diga que todo va a salir bien…
Porque a veces, quien no necesita nada, tampoco ofrece nada y casi sin darse cuenta acaba practicando un auténtico materialismo emocional.
La clave está en el equilibrio y en entender que una persona fuerte no es alguien inmune al sufrimiento, ni insensible ni carente de sentimientos.
Todos necesitamos que en algún momento de nuestra vida alguien nos coja de la mano y nos diga que todo va a salir bien.
Hay veces, y esto nos pasa a todos, en que el cerebro se nubla y aparecen las tinieblas mentales.
En esos momentos una mano amiga, una mente clara y un corazón dispuesto pueden hacer milagros.
Aprendamos entonces a aceptar ayuda, a ser humildes y permitirnos recibir lo que otros libremente nos regalan