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jueves, 1 de febrero de 2018

NO DEBEMOS HACER EL MAL


Una de las cosas más loables del budismo es su sencillez. En vez de darnos 10 mandamientos o imponer una serie de reglas sociales, penalizadas por la ley, simplemente nos dice que no debemos hacer el mal. Debemos abstenernos de provocar daño, sufrimiento y dolor a los demás. No debemos comportarnos con los demás, como no nos gustaría que se comportaran con nosotros mismos. Es una regla muy sencilla de seguir porque, ante cualquier dilema moral, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿nos gustaría que alguien se comportara así con nosotros o con las personas que amamos?

miércoles, 31 de enero de 2018

IKEBANA


El Ikebana es posiblemente una de las formas más hermosas de arte floral que se han inventado nunca. La delicadeza con la que se coloca cada elemento, buscando siempre el equilibrio y una sensación inimitable son motivos por los que miles de amantes de las flores y la decoración se interesan por él. Este arreglo floral japonés le da un sentido completamente diferente al concepto de poner flores en un jarrón, y por ello se habla de un arte en el que solo los más hábiles son capaces de innovar, llegando a la categoría de maestros, un honor que reciben muy pocos.
La historia del Ikebana se remonta hasta más de 15 siglos atrás, con el budismo como punto de origen. Por tanto, se trata de un inicio religioso que se ha extendido a la decoración, como sucede con muchos estilos orientales.
Antaño la costumbre era ofrecer flores en los altares a Buda. Aunque muchas veces las ofrendas se dejaban de forma descuidada sobre estos, algo que un sacerdote quiso evitar. Para ello, empezó a crear arreglos florales con unas características muy concretas, que se han seguido utilizando tanto en el Ikebana tradicional como en algunas de sus variantes.
Pasado el tiempo, el gusto por la decoración y el arte llevó a una época de esplendor en Japón, donde la arquitectura y la jardinería tenían mucha importancia. Así nacieron los primeros centros dedicados a enseñar el arte floral japonés, con escuelas que han ido evolucionando hasta llegar a nuestros días. Algunas de ellas compiten en festivales de Ikebana, donde jardineros y expertos en decoración se esmeran por conseguir la mejor composición y llevarse la gloria del premio.
En el mundo occidental se presta menos atención a los pequeños detalles, de modo que se eliminan algunos elementos. Aun así, la estética de estos centros decorativos los convierte en un modo muy atractivo de decorar cualquier espacio. Una forma de dar ese toque de naturaleza que alegra una habitación. Se puede ver en despachos y oficinas, restaurantes orientales o revistas de decoración, tengan o no el estilo japonés como idea.

La influencia de los estilos occidentales hizo que algunos maestros intentaran innovar u hacer nuevas composiciones. Otras escuelas se decidieron por preservar la esencia y ser más conservadores. Finalmente, en la actualidad podemos encontrar distintos estilos de Ikebana que van desde los clásicos hasta los de corte vanguardista. La escuela Ikenobo, una de las más prestigiosas de la historia, cuenta con diferentes formas de realizar estos diseños.  A su vez, dentro de estos hay más variantes.
Actualmente, el Ikebana se puede definir como un canto a lo efímero, teniendo en cuenta que las flores cortadas tienen una vida muy corta. También es una muestra de respeto a la naturaleza para agradecer todo lo que nos aporta.

Algunas personas definen los arreglos florales japoneses como una serie de normas para hacer centros decorativos. La realidad es que se trata de algo mucho mayor. Es un arte donde se trata de fusionar la naturaleza de la tierra con la del ser humano, tratando de alcanzar el misticismo que rodea a este. Para conseguirlo, se utilizan flores y hojas, tallos y frutos. Todo lo que da una planta se puede colocar en un Ikebana, siguiendo las pautas que rigen esta decoración. El florista que lo realiza siente una paz y una armonía difíciles de explicar si no se ha experimentado.