Sólo existe el momento presente, el instante presente que cuando nos percatamos de él, ya ha pasado.
Si nos conectásemos con el fluir de la vida, aquí y ahora, nos olvidaríamos de preocupaciones futuras o recuerdos pasados.
Hemos olvidado que nuestra única meta es vivir y que vivir lo hacemos todos los días.
Acaba cada día y dalo por terminado, no hay que darle más vueltas.
Sin duda habrá habido errores y absurdos, olvídalos lo antes posible.
Mañana será un nuevo día, empiézalo bien, sin prisas con serenidad y con tanto ánimo que no lo empañen las ñoñerías de ayer.
Cada mañana, nosotros renacemos a la vida con el nuevo día.
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miércoles, 30 de mayo de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
PALABRAS
Existen palabras que condensan experiencias, sentimientos, anhelos, incluso una vida. En ocasiones al escuchar palabras como hijo, padre, madre, amigo o especialmente el nombre del ser amado, se evoca y se recrea un universo de recuerdos y emociones, a veces más intenso que la propia realidad.
Hay palabras sencillas, inmediatas, adecuadas, amables, que son un regalo. Otras dichas con espontaneidad, un adiós, un gracias, un por favor, un te quiero pueden iluminar un momento y según qué circunstancias, ser el recuerdo que da sentido a una vida.
A menudo una voz amable y sincera es mucho más terapéutica que un medicamento. Un gesto, una voz adecuada pueden cambiarnos el humor al instante. La palabra nos lleva a la risa, alegría, a la ternura desde lo más inesperado. La palabra sorprende, conmueve, enternece, emociona y de igual manera entristece, enfurece, desanima, por eso hay que tener muy en cuenta la forma de utilizar la palabra.
Las palabras nos pueden curar. Con la palabra podemos hacer nuestra alquimia interior y aliviar dolores, concluir duelos, sanar heridas, convencer miedos, soltar yugos, terminar quizás con esclavitudes interiores y exteriores.
Las palabras son mágicas, maravillosas, son la poesía que siempre nos acompaña.
Hay palabras sencillas, inmediatas, adecuadas, amables, que son un regalo. Otras dichas con espontaneidad, un adiós, un gracias, un por favor, un te quiero pueden iluminar un momento y según qué circunstancias, ser el recuerdo que da sentido a una vida.
A menudo una voz amable y sincera es mucho más terapéutica que un medicamento. Un gesto, una voz adecuada pueden cambiarnos el humor al instante. La palabra nos lleva a la risa, alegría, a la ternura desde lo más inesperado. La palabra sorprende, conmueve, enternece, emociona y de igual manera entristece, enfurece, desanima, por eso hay que tener muy en cuenta la forma de utilizar la palabra.
Las palabras nos pueden curar. Con la palabra podemos hacer nuestra alquimia interior y aliviar dolores, concluir duelos, sanar heridas, convencer miedos, soltar yugos, terminar quizás con esclavitudes interiores y exteriores.
Las palabras son mágicas, maravillosas, son la poesía que siempre nos acompaña.
lunes, 28 de mayo de 2012
CORAJE
¡Los caminos
de la vida son inexplicables!
¿Cuál es la
mejor actitud ante los cambios, ante las sorpresas...? Respirar y sonreir
Hay
sensaciones que es mejor guardarlas en el armario de los buenos recuerdos, y
jamás olvidar. Incluyendo las experiencias que parecen poco
positivas, o que no encajan exactamente con lo que esperabamos en ese momento.
Porque todo
es un ejercicio para la mente, y para atraer ciertas vivencias para aprender
constantemente.
Y cada día
es una nueva lección y un nuevo reto para ejercitar la manera de
pensar.
La felicidad son aquellos momentos, aquellos instantes de paz interna, junto con
la alegría hay que buscarla en todo lo que veas, todo lo que sientas. Tratar
de buscar el disfrute de ese preciso momento, de lo que estés viendo delante de
ti.
Olvidarse de las cosas que ya sucedieron y que te hacen sentir débil,
o poco contento.
Tenemos
coraje para ir cada día al trabajo, y
respetarnos por cumplir con nuestras obligaciones. Nos sobra el coraje
para querer ver más allá, para tratar de sentirnos como deseamos. Tenemos que
tratar de hacerlo constante. Desapegarnos de las cosas que nuestro propio
interior no nos deja para ver la luz, y apropiarnos del sentimiento que sí es
bonito, que sí nos produce buena vibración. Disfrutar de lo que haces, aunque
no te apetezca, ya que lo estás haciendo, hazlo con amor. Míralo desde otra forma, enfócalo de forma diferente, trata
de querer saber cómo poder dirigir ese pensamiento hacia otro lugar, a un
destino diferente.
Hay que tener coraje para ser feliz...
jueves, 24 de mayo de 2012
AMOR PLATÓNICO
¿Qué es el amor platónico? ¿Enamorarse de alguien hasta lo
más profundo de tu ser y esa persona no tener la menor idea de ello?
Tú estás dispuesto a dar tu vida por ella, si te lo pidieran, pero esa persona no sabe nada de tus sentimientos hacía ella.
Los enamoramientos platónicos se producen la mayor parte de ellos en la adolescencia, pero eso no es una regla, porque se puede enamorar una persona de cien años de otra de ciento cinco, vamos a cualquier edad. Pero siempre hablo del amor platónico.
Que maravilloso y bonito cuando te cruzas con esa persona y te sonríe, es lo más extraordinario que te puede pasar, te inunda una inmensa felicidad y sueñas con esa sonrisa durante horas y horas. Escribes el nombre de la persona por todas partes.
Ese amor es tan idealizado que si en verdad tuviéramos una relación con la persona en sí, quizás nos desenamoraríamos enseguida de ella.
Esa persona de la cual te enamoraste platónicamente cuando tenías catorce o quince o más años, jamás se te olvidará y menos sus ojos, recuerdas sus miradas en el transcurso de los años, aún sin ser dirigidas con sentimiento de amor hacía ti, pero tú así lo creíste y te llenaban de ilusión y amor. Amor platónico, ¡Maravilloso!
Tú estás dispuesto a dar tu vida por ella, si te lo pidieran, pero esa persona no sabe nada de tus sentimientos hacía ella.
Los enamoramientos platónicos se producen la mayor parte de ellos en la adolescencia, pero eso no es una regla, porque se puede enamorar una persona de cien años de otra de ciento cinco, vamos a cualquier edad. Pero siempre hablo del amor platónico.
Que maravilloso y bonito cuando te cruzas con esa persona y te sonríe, es lo más extraordinario que te puede pasar, te inunda una inmensa felicidad y sueñas con esa sonrisa durante horas y horas. Escribes el nombre de la persona por todas partes.
Ese amor es tan idealizado que si en verdad tuviéramos una relación con la persona en sí, quizás nos desenamoraríamos enseguida de ella.
Esa persona de la cual te enamoraste platónicamente cuando tenías catorce o quince o más años, jamás se te olvidará y menos sus ojos, recuerdas sus miradas en el transcurso de los años, aún sin ser dirigidas con sentimiento de amor hacía ti, pero tú así lo creíste y te llenaban de ilusión y amor. Amor platónico, ¡Maravilloso!
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