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lunes, 14 de marzo de 2022
EL ANCIANO Y LA GRULLA
Se cuenta que hace mucho tiempo llegó un hombre con una larga cabellera blanca a una aldea lejana. El hombre andaba siempre acompañado por una grulla. Era una extraña pareja, ya que esas aves no eran muy afectas a los humanos. Sin embargo, el anciano y la grulla siempre se veían juntos en todas partes.
Los aldeanos comentaban que aquel hombre era sumamente sabio. Decían que era famoso en toda la comarca por sus grandes enseñanzas. Sin embargo, el anciano era muy humilde. Se instaló cerca de una pesebrera, junto con la grulla. Esta siempre iba delante de él.
-La gente comenzó a sentir curiosidad. Se aproximaban para mirarlo de lejos, pero él ni siquiera los veía. Solo la grulla permanecía expectante. Pronto los habitantes del lugar comenzaron a llevarle comida y abrigo, pues lo veían muy desprotegido. El anciano y la grulla agradecían con una venia a quien los ayudaba.
Una vez, ya llegada la noche, un campesino se acercó al lugar en donde descansaban el anciano y la grulla. Esta última se alertó un poco al verlo y aleteó para despertar al anciano, que estaba dormitando. Este hizo una venia y luego le preguntó al visitante si podía servirle en algo.
El campesino se sentó frente al anciano y le confesó que tenía una pregunta. Le habían dicho que él era un hombre muy sabio y quería saber si podía respondérsela. El anciano hombre le contestó: “Nadie es tan sabio como para responderlo todo, pero si puedo servirte, lo haré”.
El campesino le dijo que quería saber cómo abrir las puertas del cielo y cómo las del infierno. Al cielo quería tener siempre acceso, en cambio al infierno no quería ir jamás. Por eso necesitaba saber cómo se abrían sus puertas, para evitar hacerlo. El anciano y la grulla permanecían atentos. Cuando el campesino terminó de hablar, el anciano le dijo: “¡Qué pregunta más tonta! Se ve que eres un hombre completamente ignorante!”
Al escuchar esto, el campesino montó en cólera y quiso golpear al anciano. La grulla se interpuso y lo impidió. Entonces el campesino vio que el anciano era ciego y que el ave era su lazarillo. Se sintió avergonzado por haber querido agredirlo y su ira se disipó. Solo sintió compasión por aquel anciano indefenso y le pidió perdón. El anciano entonces le dijo: “La ira te abrió la puerta del infierno. La compasión, la del cielo”.
El campesino quedó maravillado. Comprobó que efectivamente se trataba de un maestro muy sabio. De inmediato agradeció por la enseñanza y luego le contó lo sucedido a toda la aldea. Se inició entonces una larga romería hasta donde estaban el anciano y la grulla. Algunos querían respuestas, mientras que otros se conformaban solamente con contemplarlo y estar cerca de él. Exhalaba mucha paz.
Una tarde llegó un joven hasta donde estaban el anciano y la grulla. Su actitud era misteriosa. Se acercó y, en voz baja, dijo lo siguiente:
-Maestro, hay gente que ha estado hablando de ti con malevolencia…
-¡Un momento! –dijo el anciano-. ¿Te consta aquello que vienes a decirme? ¿Escuchaste a alguien hablar de mí con malevolencia?
El joven se quedó pensando un momento y dijo:
-No. No lo escuché personalmente. Alguien me lo contó… En la aldea se rumora esto…
El anciano y la grulla se quedaron quietos por un momento. Él se mostraba reflexivo. Y ella, como siempre, estaba a su lado protegiéndolo y alerta. La hermosa ave estaba agradecida con él porque la había liberado de una trampa en el bosque. Desde entonces, se había convertido en su acompañante y guía, pues el hombre era ciego.
Después de meditarlo por un rato, el maestro se dirigió al joven que había ido a contarle lo que se rumoraba en el pueblo. Le preguntó:
–Lo que vienes a decirme, ¿genera un bien para mí o para mi amiga grulla?
El joven nuevamente se quedó pensando un momento. Luego dijo:
-En realidad no. Para ser sincero, es todo lo contrario. Lo que me contaron que están diciendo de ti es algo que podría atormentarte. Y tal vez a tu amiga también –señaló, refiriéndose a la grulla.
El anciano y la grulla nuevamente se quedaron quietos por un momento. Luego el maestro señaló:
-Tengo una última pregunta para ti. ¿Es necesario que yo sepa qué es lo que están rumorando acerca de mí y de mi amiga la grulla?
-No. En realidad no –le respondió el joven, pensativo.
-Entonces vete –dijo el anciano-. Cuando no sabes si algo es verdad, tampoco causas ningún bien al decirlo y no hay necesidad de comunicarlo, no vale la pena hablar de ello.
sábado, 12 de marzo de 2022
viernes, 11 de marzo de 2022
AMOR POR LA VIDA
Uno de los momentos más especiales de la vida de una persona puede ser el día de su boda. El día de la boda de la joven Katie, además de sus amigos y familia, tuvo otras invitadas muy especiales: sus 13 hijas adoptivas.Katie Davis Majors nació en una familia de clase acomodada de Nashville, Tennessee, en Estados Unidos.
Fue reina del baile, manejaba un convertible dorado y usaba ropa de diseñador. Tenía todo lo que podía desear y más.Sus padres esperaban que fuera a la universidad y tuviera una educación ejemplar, pero a los 18 años la vida de Katie dio un giro inesperado para todos: decidió viajar a Uganda para ayudar a quienes lo necesitan.
En un principio, se suponía que estaría en Uganda solo por un año, pero Katie decidió quedarse y hacerlo su hogar. Además, fundó la organización Amazima Ministries International, para proveer asistencia y apoyo a la gente necesitada de Uganda.
Como era candidata a adoptar, decidió aprovechar la oportunidad y adoptó a 13 niñas.“Probablemente hay muchas historias sobre el momento en el que los padres adoptivos ven por primera vez a sus hijos. Yo tuve la fortuna de experimentarlo, y creo que este sentimiento es aún más profundo que el amor”, dijo Katie.
Sus niñas adoptadas le han enseñado importantes lecciones de amor y armonía espiritual.En 2015 conoció a su esposo, Benji Majors, que también viajó a Uganda con la intención de ayudar a los más necesitados. En 2016 tuvieron un hijo más, Noah.
Katie vive en una villa en Jinja, a orillas del Lago Victoria junto a Benji y sus 14 hijos. Durante la mañana pasa tiempo con su familia y en la tarde le dedica tiempo a las tareas administrativas de su organización. Además, escribió un libro llamado “Besos de Katie”, que fue todo un éxito.
Hoy, Katie vive de un salario modesto y de las ganancias del libro, añadiéndole cada día más páginas a su bella historia de amor y compasión desinteresada. Un hermoso ejemplo para todos.
miércoles, 9 de marzo de 2022
NO LLORES
No llores por la ausencia del beso, ni a la falta de la caricia, vacío que un corazón siente, labios que un nombre poseen, besos que al alma queman.
No llores al recuerdo de una sonrisa, ni a la palabra de amor que se hizo furtiva, ni por la ilusión perdida, las lágrimas no deben ser suicidas, no deben de perecer en ardientes mejillas.
No llores por ver días nublados, por tener noches vacías, por sentir el invierno cuando el sol en lo alto brilla, el que parte hacia la muerte no regresa, el que huye del amor lo hace por cobardía.
Y se alejó, partió en la noche más oscura, escondiendo sus palabras ocultando su desdicha, lágrima que por amor se vuelve suicida, alma lacerada, corazón herido, locura que su pensamiento ataca, febril demencia que sus acciones tienen y ve como se abren sus heridas.
No llores, no mueras lentamente, amor...dolor del corazón, lógica puñal del razonamiento, angustia que se bebe sin miramientos, esperanza deseando nacer para curar las heridas.
No llores el olvido carece de sentimientos, las lágrimas buscan un lugar digno donde yacer, el llanto no resucita a los muertos, el llanto no hace el amor renacer, no llores más si lo haces, que sea por nueve días, no busques más porqués y al décimo día... espera el amanecer.
No llores...
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