
Cuando vemos volar una cometa, nos da alegría, nos gusta verlas y nos quedamos embelesados mirando, como surcan los cielos.
Pues si lo pensamos y analizamos, los hijos son como las cometas.
Nos pasamos la vida tratando de hacerlas volar. Corremos con ellas, hasta quedar exhaustos y sin aliento. Caen al suelo, se chocan con los tejados o con algún árbol. Las arreglamos, las consolamos, las ajustamos y les enseñamos de nuevo a volar sin miedo. Observas cómo el viento la
s mece.Finalmente vuelan. Al principio, sujetas el hilo con fuerza. Ellas necesitan más y tu vas soltando poco a poco, con miedo a que se te escape, pero sabes que muy pronto la hermosa "cometa" se desprenderá de la cuerda que la ata. Se elevará por los aires, majestuosamente, cómo se esperaba que lo hiciese, la ves libre, brillando con todo su esplendor.
Entonces te das cuenta que has hecho bien el trabajo.


