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lunes, 18 de junio de 2012

APRENDIENDO A LEER

Lizzetta  una niña de seis años, vivía con sus papás en el campo en una aldea a unos ocho km. de la ciudad. En la aldea estaba ella sola de niños, por lo que se pasaba el día jugando con amigos invisibles que se inventaba, otras veces observaba a su madre como hacía los quehaceres diarios.
La niña no iba al colegio porque el transporte escolar no existía y sus padres no tenían medios para dejarla en la ciudad.
Para que empezase a leer, su madre le compro la "primera cartilla". Todas las tardes la mamá le tomaba la lección a Lizzetta.
-La m con la a ma, la t con la o to.
Así  juntando sílabas y después palabras, la niña aprendía rápido.
Por ese tiempo los papás de Lizzetta tenían desavenencias y por ello discutían y se enfadaban muy a menudo.
Todo eso repercutía en la niña a la hora de  tomarle la lección, si  ésta se  equivocaba en una letra su mamá le reprendía y le regañaba. Lizzetta comprovaba que aquello ocurría cuando sus papás habían discutido. Este ambiente no le gustaba, por tanto guardo la cartilla donde nadie la encontró.
-¡Lizzetta! ¿Dónde has metido la cartilla?- Así no aprenderas núnca a leer. Esto se lo decía su madre.
Aquellas dicusiones de sus padres duraron un año, justo el tiempo que permaneció la cartilla oculta.
Un día la niña saco la cartilla y se puso a leer, parecía que en todo ese tiempo hubiese estado practicando con la lectura. Se sabía todas las letras y no se le había olvidado ninguna palabra.
Enseguida le compraron otra cartilla y otra... Aprendió a escribir,  a sumar y restar.
Cuando Lizzetta tenía nueve años fue por primera vez al colegio.
La maestra puso a la niña en una mesa sola y le dijo:
-Vamos a ver lo que sabes hacer.
Le puso una frase y la niña la copio rápido y bien.
-¿Sabes hacer números?
-Sí. Dijo la niña tímidamente
-Escribe del uno al cien.
Enseguida Lizzeta los tuvo hechos.
-Muy bien, ahora los vas a hacer de dos en dos pero del cien al uno.
En un ratito la niña los tenía terminados.
-¿Sabes hacer sumas?
La niña dijo sí, moviendo afirmativamente la cabeza.
-¿ Y restas?
Lizzetta siguio moviendo la cabeza afirmativamente.
Esa tarde cuando la niña volvió al colegio, la maestra le dijo
-Ven conmigo, que vas a estar en otra clase.
La niña la siguió, fueron por un pasillo oscuro  con olor a humedad, llegaron a una clase donde había niñas de la misma edad que Lizzetta.
La nueva maestra le dio una lista con los libros y cuadernos que tenía que llevar a clase.
Uno de los libros era el primer grado de la emciclopedia Álvarez.
La primera lección que Lizzetta tuvo que dar de memoria fue de geometría "el pentágono"
Como la niña era estudiosa y tenía memoria, enseguida fue pasando puestos. En esos años la maestra ponía a las niñas en círculo, le preguntaba a la primera, si ésta no se lo sabía le preguntaba a la segunda, si contestaba bien pasaba a la primera niña. Lizzeta no tardo en coger el primer puesto y se mantuvo en él casi todo el curso, hasta que una lección de historia, que no pudo estudiar bien, la relego a un segundo puesto.
Con once años Lizzetta hizo el examen para pasar al instituto, donde entoces se estudiaba bachiller elemental y luego quinto y revalida, que daba acceso a la universidad.
Lizzetta siempre estuvo muy orgullosa de aquel examen.
Cuando llego a clase la maestra había separado los pupitres, eso le gusto, asi las otras niñas no estarian haciendo preguntas.
A los pocos días, dio la maestra las notas del examen.
             Nota final 9`75  ¡Maravilloso! ¡Maravilloso!

1 comentario:

  1. :-D

    Maravilloso, maravilloso!!!

    Cuando hay motivación todo es fácil. No importa que no se empiece a ir al colegio antes de los tres años, ni que con cuantro ya se sepa leer... para todo hay tiempo si hay motivación y pasión...
    El dilema de hoy en día es... qué nos apasiona y motiva?? pq vivimos tan desconectados q no sabemos que necesitamos y queremos?

    Maravilloso, maravilloso

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