.

.

viernes, 6 de mayo de 2022

ALGO PARA APRENDER

“Pregunta: ¿Por qué los perros viven menos que la gente? Aquí está la respuesta: Como veterinario, me llamaron para examinar a un perro de 13 años llamado Batuta. La familia esperaba un milagro. Examiné a Batuta y descubrí que estaba muriendo de cáncer y que no podía hacer nada... Batuta estaba rodeado por su familia. El niño Pedro parecía tan tranquilo, acariciando al perro por última vez, y me preguntaba si entendía lo que estaba pasando. En pocos minutos, Batuta cayó pacíficamente en un sueño para no despertar nunca más. El niño parecía aceptarlo sin dificultad. Oí a la mamá preguntándose ;- Por qué la vida de los perros es más corta que la de los seres humanos? Pedro dijo: ′′ Sé por qué." La explicación del niño cambió mi forma de ver la vida. Él dijo :-" La gente viene al mundo para aprender a vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buena persona, eh?! Como los perros ya nacen sabiendo hacer todo esto, no tienen que vivir por tanto tiempo como nosotros." Entendido? La moraleja de la historia: Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como: * Cuando tus seres queridos lleguen a casa, siempre corre para saludarlos. * Nunca dejes pasar la oportunidad para salir a pasear. * Permite que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro éxtasis! * Toma siestas, descansa. * Estírate bien antes de levantarte. * Corre, salta y juega diariamente. * Evita ′′ morder ′′ cuando con solo un gruñido sería suficiente. * En un clima muy caliente, bebe mucha agua y acuéstate bajo la sombra de un árbol frondoso. * Cuando estés feliz, baila moviendo todo tu cuerpo. * Disfruta de las cosas simples, de una larga caminata. * Sé fiel. * Nunca pretendas ser algo que no eres. Se auténtico! * Si lo que quieres, está ′′enterrado ", búscalo, persiste hasta encontrarlo. * Y nunca olvides: Cuando alguien esté teniendo un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazlo sentir que estás allí.”

miércoles, 4 de mayo de 2022

TENEMOS QUE REFLEXIONAR

"Bellísima reflexión: Le pregunté a uno de mis amigos que ha cruzado los 60 años y se dirige a los 70: ¿Qué tipo de cambio estás sintiendo? Y me envió las siguientes líneas muy interesantes que me gustaría compartir con todos ustedes: 1. Después de amar a mis padres, mis hermanos, mi cónyuge, mis hijos, mis amigos, ahora he comenzado a amarme a mi mism@. 2 . Me acabo de dar cuenta de que no soy "Atlas". El mundo no descansa sobre mis hombros. 3. Ahora dejé de negociar con vendedores de frutas y verduras. Después de todo, unos pocos centavos no van a hacer un agujero en mi bolsillo, pero podrían ayudar al pobre hombre a ahorrar para las cuotas escolares de su hija. 4. Pago al taxista sin esperar el cambio. El dinero extra podría traer una sonrisa a su rostro. Después de todo él está trabajando mucho más duro que yo. 5. Dejé de decirles a los ancianos que ya han narrado esa historia muchas veces. Después de todo esa historia los hace caminar por el camino de su memoria y revivir el pasado. 6. He aprendido a no corregir a las personas, incluyendo cuando sé que están equivocadas. Después de todo la responsabilidad de que todos sean perfectos no está en mis manos. La paz es más preciosa que la perfección. 7. Doy elogios libre y generosamente. Después de todo mejora el estado de ánimo no sólo para el receptor, sino también para mí. 8. He aprendido a no molestarme por una mancha en mi ropa. Después de todo la personalidad habla más que las apariencias. 9. Me alejo de las personas que no me valoran. Después de todo puede que no sepan mi valía, pero yo sí, 10. Estoy aprendiendo a no sentir vergüenza por mis emociones. Después de todo son mis emociones las que me hacen human@. 11. He aprendido a que es mejor dejar caer el ego que romper una relación. Después de todo mi ego me mantendrá distante, mientras que con las relaciones nunca estaré sol@."

lunes, 2 de mayo de 2022

AMAR ES CUIDAR

Amar es cuidar, es comprometerse con el bienestar del otro. Las excusas y la dejadez terminan con los vínculos pero los cuidados los fortalecen. Amar es cuidar. Es simple, no hay amor que se base en el descuido. De hecho, no hay nada que caracterice más el pensamiento de una enamorado que el de cuidar a su pareja. Hacerlo significa mantener los pequeños detalles, valorar a quien tenemos al lado y hacerle sentir especial, escuchado y amado. Puede parecernos muy obvio, pero la realidad es que lo primero que solemos abandonar es precisamente eso: el cuidado. Conocemos a la perfección la teoría, sabemos que hay que conquistar cada día o que debemos mantener la atención sobre nuestra pareja o la persona a la que queremos. Sin embargo a la hora de llevar a la práctica esta costumbre del cuidado diario solemos pecar de desinterés y acabamos por dañar nuestra relación con actitudes de indiferencia o de postergación de los pequeños detalles. A veces hacemos con el amor lo mismo que un niño con su globo. Es decir, a veces ignoramos lo que tenemos para luego llorar por lo que perdemos. Es de sobra conocida esa expresión hecha de “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Si no nos empeñamos en cuidar de nuestras relaciones nos arriesgamos a que se pierda la ilusión y las ganas de mantener un afecto o un vínculo que, suponemos, nos hace felices. Pensamos que nuestra pareja o las personas que nos rodean tienen la obligación de esperarnos, de aguantarnos o de comprendernos ante todo. Pero la verdad es que podemos tolerar todo excepto que nuestras necesidades se encuentren en jaque. Con esta idea acabamos sometiendo y sometiéndonos, creando o alimentando círculos viciosos insanos que deterioran los sentimientos que debían haber sido cuidados. Solemos excusarnos en el poco tiempo que tenemos, pero lo cierto es que lo que deteriora muchas veces nuestras relaciones es la inercia, los hábitos y la costumbre; es decir, la rutina. Así, lo que a priori no tendría por qué ser negativo si lo manejamos adecuadamente, acaba siendo destructor. ¿Cómo dejamos de cuidar a quienes queremos? No alimentando las sonrisas diarias, tapándonos los ojos y dejando de percibir la reciprocidad. Esto acaba menoscabando la luz que el amor aportaba a nuestra vida y todo se vuelve mucho más superficial. Así nos olvidamos de que amar es cuidar. Entonces se apaga lo que alimentaba “lo especial”, dejamos de sentirnos amados y parte de nuestra relación comienza a fracasar. Así, la ausencia de muestras de interés y de gratitud acaban generando dudas en una pareja y la unión se vuelve desunión. Ahora bien, cuidar al otro no es algo superficial o a lo que podamos dedicarnos cuando tenemos tiempo y ganas. Es una cuestión de perseverancia y de compromiso con el bienestar del otro. Así, debemos ofrecer cuidados en varios aspectos: Preocuparnos por la salud y el bienestar del otro. Animarle a adoptar buenos hábitos de vida, ayudarle a ver con amor sus áreas de mejora y a trabajar en ellas y ofrecerle soporte y apoya cuando sus fuerzas (físicas o mentales flaqueen). Cuidar sus emociones, aunque para esto tengamos que dejar de lado el ego. Hemos de escuchar lo que nuestra pareja tiene para decir; si se siente triste, enfadada o decepcionada, hemos de brindar un espacio de expresión y validar sus emociones, reconocerlas y hacernos cargo de nuestra responsabilidad al respecto. Procurar que la comunicación entre ambos sea fluida, honesta y frecuente. Que esté repleta de amor y libre de faltas de respeto. Buscar siempre el entendimiento y la negociación y huir del egoísmo. Alimentar el amor cada día con pequeños gestos y detalles que muestren cuánto nos importa el otro y la gratitud que sentimos por tenerlo cerca. “Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo… Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas”